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Mensaje por Invitado el Sáb Oct 24, 2015 8:31 pm


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Aquel día había sido uno pesado, y eso que Damariel poco había hecho, pero a veces no hacer nada puede ser fatigante. Incluso pidió comida china a domicilio por no tener ganas de meter la sopa al microondas. Llevaba todo el día intentando desarrollar una historia que necesitaba presentarle a su padre. A pesar de haber mudado de la casa, enviaba trabajos para hacerse de dinero, cuando su trabajo fallaba, el cual no era estable, porque ni siquiera lo habían contratado. Buscar una agencia que tuviese cupos disponibles no era fácil. Damariel por fortuna tenía un portafolio presentable, elaborado con los proyectos que hizo en la empresa de sus padres, pero siempre terminaba en lo mismo. Nosotros le llamaremos. Después de una semana, no guardaba muchas esperanzas. No obstante, él seguía laborando en sus propias historias, las cuales se iban dificultando cada vez más. El crescendo de la historia se aproximaba para sus personajes, y debía sentirse con emoción al leerse, imprimir la ansia, el anhelo y la valentía. Encontrar las palabras, el orden para llevar al lector al mismo estado en el que estaba mientras se sumergía en lo profundo de su mente, pintar la escena con ella, era difícil.

El repartidor llega justo a tiempo, y se levanta de la silla frente al computador, donde lleva sentado tres horas. Como no quiere volver a aplastarse, decide comer mientras camina por el apartamento. Caja en mano, y palillos en la otra, comiendo su teriyaki de res. Lleva su mente a otros aspectos más mundanos, menos fantasiosos y que no pertenezcan a sus historias. El lugar es pequeño, pero cómodo. Las paredes son de un azul claro, que le permite relajarse cuando debe trabajar, y hay poca decoración. Quizás podría colgar algunos cuadros, o fotos, avivar el lugar. Considerando el tiempo que pasaba ahí, no parecía que se hubiese apropiado del apartamento. Tampoco había muchos muebles, más que los necesarios. Su cama, una mesita de noche, una cómoda y pequeña sala. Lo más caro era su escritorio, junto con su laptop.

Cuando termina de cenar y regresa a sentarse, su mente sigue en blanco. Decide terminarlo por la noche. Cierra y guarda el documento, para revisar su correo. Entre la basura, uno llamo su atención. Era el link a uno de esos sitios de citas. A diferencia de otros con publicidades escandalosas, ese se veía un poco más formal, serio. La sonrisa de los tipos que mostraban, tomados de la mano le hizo plantearse la posibilidad. Al recordad el tiempo que había pasado desde su última cita, terminó por convencerse que intentarlo no estaría de más. Ingresó en la página, la cual tenía una aplicación para el celular. El futuro haciéndole más fácil la vida a las citas. La información que pedían para el perfil no era nada del otro mundo. Llenó cada una de las casillas con la verdad. No pretendía engañar a nadie, ni aunque fuera el internet. No le veía el chiste. Agregaron unas preguntas al final, más personalizadas, como, ¿Cuál sería tu primer cita ideal?, o ¿Qué buscas en un hombre?, Alguien con quien pueda divertirme siendo yo mismo. No pido al príncipe azul, no sé si eso exista, tampoco sé amor verdadero. Es el internet después todo, solo quiero encontrar algo bueno. Y hacerlo valer la pena. Escribió, confiado en que la respuesta debería atraer a alguien, o repelerlos a todos. Por último una foto.

Damariel no se tomaba fotos. El Facebook lo tenía por obligación, aunque casi nunca lo usaba. Intenta verse lo mejor que puede, arreglándose el cabello, y prendiendo la luz para mejorar la iluminación. Apenas una tímida sonrisa, y da el click. No repite la foto, no cree que hacerlo vaya a producir un mejor resultado. Solo la sube e inmediatamente le dan paso a una sala de chat para solteros como él, que buscan sin buscar en este gran mundo web.

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